La balada del abuelo Palancas

Escrito por on septiembre 22, 2014 in Literatura | 1 comment

Felix Grande. Foto de Manuel Cuevas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Felix Grande Lara: La balada del abuelo Palancas, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2003

 

Hasta La balada

¡Cuánta tranquilidad!

Hasta La balada era una prisa feroz por atraparlo todo antes de que irrumpiera el tiempo. El pueblo tenía un contador, y yo al final del día evaluaba el goce provechoso por minuto. La tensión llegó a un punto en que se valió de cámaras para registrarlo todo. Pero ¿todo? Todo paraecía tan inabarcable que a la ansiedad le acompañó la pena de saber que con los últimos viejos se iría para siempre el retrato de una Mancha onírica que cada vez puede zafarse menos de mundo.

Sólo hasta La Balada. Sólo hasta Félix Grande.

 

La vida a celemines

En este retrato exquisito de familia está contenido el todo manchego que me obsesionaba. ¡Qué mansedumbre al comprobar que no habrá grieta en el espacio temporal por donde se enchorrile el aire!

La balada perpetúa La Mancha y la sacude un poco de Quijote. ¡Era tan necesaria!

Está la tierra a balidos tirando de los pies a aquel que vuela natural ante el laberinto visual de la dureza en cueros del paisaje.

Está la concepción sencilla del hombre y de las cosas; ese sentido admirable de deber y de responsabilidad tajante con la vida que no ha impuesto nadie y que se tiene sin pararse a aceptarlo, y para sorpresa de todos los que morimos un poco con tanto pensamiento occidental y con los años, se agarra cada vez más fuerte con robustez manchega; como una tajá dulce, gravísimamente dulce,  de melón amamantado en un regazo, casi infértil, secano de sembradura.

” [...] y lo que haya que hacer se hace, y ya hemos terminao.”

 

Están el miedo y el hambre como la brea pegándose a la piel.

Y está la vida  por encima de todo, porque se sacuden las generaciones y se sigue celebrando cada nuevo hijo:   ” [... ] que la vida, después de todo y bien mirado y en resumidas cuentas, no había escamoteado su inmensidad y que nacer había sido un acierto.”

 

Paisaje y Poesía

Félix narra con una prosa líquida en un ejercicio cuya forma lo aleja en apariencia del paisaje que retrata; quiero decir que tiene esa facilidad de los sudamericanos para que el lenguaje resbale en el oído en una coherencia facilísima que se extiende hasta el punto siguiente pero que uno siente que podría perpetuarse con conjunciones y sin comas hasta el infinito. Pero es que la grandeza resulta cuando es capaz de capturar así un territorio manchego que a la altura de Tomelloso y de Socuéllamos, da pocas concesiones.

La tierra se descanta con trabajo, el cierzo arrea fuerte y los cielos, de panorámicos, son inclementes. Y en lugar de sucumbir a una prosa pretérita y parca, decidida y concluyente como la oralidad del pueblo, Félix trasciende y se maneja libre entre la posibilidad y la poesía: Se queda en el único elemento que no es capaz de apurar este paisaje,  y toda su balada, delante o detrás del tiempo, es horizonte.

 

 

 

1 Comment

  1. Muy bonito y como se dice en la mancha! De buena pluma

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