Jueves IX

Escrito por on marzo 2, 2017 in Los jueves de la calle Feria | 0 comments

monedero-erotico

 

El jueves empezó con un pesimismo malinterpretado que ni siquiera nosotras pudimos corregir. Delante de la Capilla de Montesión alguién escribió Mundus Senescit con un pulso medroso sobre los adoquines de la acera.

La Resti fue quien nos contó lo de la pintada; eso y que Habermas no había montado después de leer aquello. Lo había dejado en la puerta del Vizcaíno fumando un cigarrillo tras otro convencido de que el mundo envejecía raudo como la combustión silenciosa del papel clásico de puro lino que recogía su tabaco.

_Se descompone, flaca. Y no vamos hacia la salvación sino al abismo.

Habermas calló y llovió barro. El polvo en suspensión que había velado los últimos días de Febrero precipitaba arrastrado por vientos del norte de África. La Resti se santiguó atemorizada por una cuaresma sin retorno pero enseguida prefiguró las posibilidades de una travesía final por el desierto. Fue entonces cuando se aficionó a El Autómata.

Pasaba cada día cuando sacaba al perro. Observaba, miraba mucho, agarraba las piezas y lo estudiaba todo con una vocación desconcertante. Preguntaba poco pero ponía atención cuando la rubia instruía a los que declaraban estar interesados. Sabíamos que una insensata intervención quirúrgica le cegó el sexo. Solo retenía los ecos del placer en su estrechez anal y no se lamentaba demasiado por tener las costuras bien cerradas. Es cierto que anhelaba esa definición precisa de los accesos naturales y en ocasiones le incomodaban las pequeñas infecciones producidas por la sonda; sin embargo, no experimentaba un sentimiento extremo como el odio vertical hacia su barba. Se divertía creando extraordinarios poemas visuales que acontecían rara vez lejos de su entrepierna muda. El Barón le había regalado una planísima ágata azul que Ratzinger vendía como cenicero y ella no había podido más que ver profundidades marinas que prometían olvidar, sobre su pubis, aquel hermetismo salvaje. La foto nos conmovió a todos y El Barón tuvo que claudicar ante el talento inesperado de la de Tomelloso.

Y pronto le abrimos una cuenta porque allí sí que fiábamos.

 

 

 

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